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Salud

La dieta y su influencia sobre el cáncer

Diet and influence on cancer
La dieta y su influencia sobre el cáncer
La dieta y su influencia sobre el cáncer

Las causas del cáncer son numerosas y no totalmente conocidas. Existen causas endógenas, relacionadas con la herencia genética de los individuos y causas exógenas, entre las que se encuentran la contaminación ambiental, el tabaco, la dieta, infecciones víricas, lesiones precancerosas, etc. Factores alimentarios y nutricionales han sido ampliamente asociados con distintas neoplasias estimándose que alrededor de un 35% de los cánceres estarían relacionados con dichos factores. Las distintas evidencias epidemiológicas sugieren que cerca de un 90% de todas las neoplasias estarían ligadas, en parte, a factores ambientales. Dejando aparte el consumo de tabaco, la dieta tendría un importante papel en esta asociación entre estilos de vida y cáncer. En la actualidad, gracias a los resultados de numerosos estudios, se pueden establecer un conjunto de recomendaciones alimentarias:

– Elegir dietas basadas en vegetales, ricas en diversas verduras, frutas y legumbres.
– Mantener un peso corporal razonable.
– Dedicar una hora al día a hacer ejercicio.
– Comer diariamente al menos 400-800 g de verduras y frutas variadas.
– Comer diariamente al menos 600-800 g de cereales, legumbres y tubérculos. Elegir alimentos mínimamente procesados. Limitar el consumo de azúcar.
– Limitar las bebidas alcohólicas.
– Limitar el consumo de carne roja, como máximo 80 g por día.
– Limitar el consumo de alimentos grasos, en especial los de origen animal.
– Limitar el uso de sal en la cocina y el consumo de alimentos salados.
– Evitar los alimentos carbonizados, no usar suplementos dietéticos.
– Eliminar el consumo de tabaco.
– Evitar el consumo de alimentos ahumados, en salazón, braseados, conservados en vinagre y en general cocinados directamente al fuego o humo.
– No tomar alimentos ni demasiado calientes ni demasiado fríos.
– Mantener un hábito de comidas regular, en cantidad y en horario.
– Tomar líquidos suficientes, especialmente entre horas.

Síntomas en el paciente oncológico

Anorexia o pérdida de apetito: éste síntoma puede aparecer por alteraciones metabólicas, hormonas relacionadas con el crecimiento del tumor, náuseas, vómitos, alteraciones digestivas, inflamación del tubo digestivo y como consecuencia mala absorción de los nutrientes. A esto, se suele sumar una cierta depresión, cambio en el sentido del gusto, rechazo a determinados alimentos, etc. Situaciones todas derivadas de los tratamientos quimioterápicos y de la radioterapia.
Astenia o cansancio generalizado: suele preceder al adelgazamiento y obedece, en la mayor parte de los casos, a la invasión del tumor en algunos órganos y tejidos como el linfático o sanguíneo de forma que impide una buena oxigenación de los tejidos y reduce la capacidad de aireación pulmonar.
Síndrome depresivo: el aislamiento social, las secuelas que dejan los tratamientos y la aparición de alteraciones físicas como alteración del gusto y olfato, caída del cabello y alteraciones en el ánimo, conllevan estados de depresión, ansiedad y temor que influyen en el apetito.
Los tratamientos utilizados en los tumores (quimioterapia, radioterapia, transplante de médula, etc.), tienen graves efectos sobre la salud general del enfermo. Son compuestos muy tóxicos para el organismo y provocan inflamación de distintos tejidos, sobre todo del aparato digestivo. Esto provoca que no se pueda llevar a cabo una buen absorción de nutrientes. Pueden provocar alteraciones digestivas, náuseas y vómitos y como consecuencia una disminución notable del apetito.

Quimioterapia: La quimioterapia puede ocasionar anorexia, náusea, vómito, diarrea o estreñimiento, inflamación y úlceras en la boca, cambios en el gusto de las comidas e infecciones. Los síntomas que afectan la nutrición pueden ser críticos si se extienden por más de dos semanas. Tanto la frecuencia como la severidad de estos síntomas van a depender del tipo de fármaco que se use para la quimioterapia, la dosis, así como los otros medicamentos y tratamientos que se administren al mismo tiempo. La nutrición puede resultar seriamente afectada cuando el paciente tiene fiebre por períodos prolongados, ya que la fiebre aumenta la necesidad calórica del organismo.

Radioterapia: La radioterapia al área del cuello y cabeza puede ocasionar anorexia, cambios en la percepción de los sabores, sequedad en la boca, inflamación de la boca y las encías, problemas en el tragar, espasmos mandibulares, caries e infecciones. Irradiar la cavidad torácica puede ocasionar infección del esófago, problemas en el tragar, reflujo esofágico (cuando el contenido del estomago se devuelve hacia el esófago), náusea o vómito. La radiación al área de la pelvis o el abdomen podría causar diarrea, náusea y vómito, inflamación del intestino y el recto o formación de fístula. La radioterapia puede también causar cansancio, y como consecuencia de este, falta de apetito. Los efectos a largo plazo pueden incluir estrechez o inflamación crónica intestinal, absorción precaria u obstrucción del tracto gastrointestinal.

Inmunoterapia: Se suele asociar con fatiga, fiebre y debilidad que conllevan disminución del apetito y aumento en la necesidad de proteínas y calorías.

La historia clínica del paciente y un reconocimiento físico completo son los factores más importantes al determinar el estado nutricional del paciente de cáncer. Esta evaluación debe incluir una relación de cuanto ha estado pesando el paciente: cualquier cambio en los hábitos de comer o beber; síntomas que afecten la nutrición tales como la anorexia, náusea, vómito, diarrea, estreñimiento, inflamación y úlceras bucales, sequedad en la boca, cambios en el olor o sabor de las cosas o dolor…; también debe de incluir cualquier medicamento que afecte el comer o la forma en que el cuerpo asimila los nutrientes; cualquier otra enfermedad o trastorno que pueda afectar la nutrición o la terapia nutricional; así como el nivel de desenvolvimiento del paciente. El paciente debe ser cuestionado sobre cambios en el comer o beber en comparación a lo que era antes normal para él, y que tanto tiempo ha durado este cambio. El reconocimiento físico debe de notar si ha habido pérdida de peso, pérdida de tejido adiposo (grasa) bajo la piel, desgaste muscular, acumulación de líquidos en las piernas, etc.

Dieta del paciente

El determinar cuánto come el paciente y qué cosas le gustan puede ayudar cuando se trata de establecer cambios en la dieta del paciente. Saber qué alimentos le gustan o disgustan así como si es alérgico a algún alimento es importante. El objetivo de la dieta es procurar el correcto estado nutritivo del paciente, que permita mejorar el estado general y tener una mejor calidad de vida. Se trata de evitar que comience con una desnutrición proteico-energética, que le dificulte la recuperación de la enfermedad.

Recomendaciones generales

– Variar los menús todo lo que sea posible.
– Mejor pocas cantidades muchas veces.
– Cocina sencilla. Los alimentos a la plancha y hervidos son lo más aconsejable.
– Comer masticando bien los alimentos.
– Evitar los alimentos grasos.
– Elegir los alimentos que más gusten.

Fuente: Dra. Isabel Morales de Álava. Departamento de Clínica Universidad de Navarra

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