Adicción a la “comida basura” en adolescentes

Adicción a la “comida basura” en adolescentes

Adicción a la comida basura en adolescentes
Adicción a la comida basura en adolescentes

La adicción a la “comida basura” o “comida rápida”, como cualquier otra adicción sólo puede tratarse cuando reconocemos el problema.

Estudios científicos ( como el realizado en la Universidad de Yale y publicado en Archives of General Psychiatry ) ponen de manifiesto que la respuesta de determinadas partes del cerebro ante el estímulo de la comida basura, es igual al del adicto a las drogas.

La respuesta traer su causa de los aditivos, las grasas y  la alta carga glucémica utilizados en los alimentos procesados y la comida basura, que producen un aumento en los niveles de dopamina, factor común a casi todos los tipos de adicción a las drogas.

Adicción a la comida basura entre los jóvenes

La adicción a la comida basura entre los jóvenes, es un problema cada vez más serio debido al aumento alarmante de los casos de obesidad y otras enfermedades relacionadas con un estilo de vida poco saludable como los problemas de memoria y aprendizaje, debilidad y cansancio, depresión, aumento del riesgo de padecer enfermedades renales, hepáticas y cardiovasculares y los más graves, como demuestran los estudios publicados en el European Journal of Cancer Prevention y el realizado por el Fred Hutchinson Cancer Research Center que asocian el consumo de comida basura con el aumento de padecer cáncer colorrectal y de próstata.

Los adolescentes están más predispuestos a adquirir conductas adictivas, ya que son más propensos a los sistemas de recompensa que se producen en el cerebro ante la formación de hábitos.

¿ A qué tipo de alimentos es adicta la juventud ?

“Los alimentos altamente procesados comparten propiedades farmacocinéticas (por ejemplo, alimentos con calorías concentradas y con rápida tasa de absorción) con las drogas adictivas, debido a la adición de grasas y / o carbohidratos refinados y el rápido ritmo en el que los carbohidratos refinados son absorbidos por el organismo” escriben científicos la Universidad de Michigan en la revista científica PLOS ONE.

Sin bien es cierto que en este grupo podemos incluir u gran número de alimentos, los jóvenes se sienten atraídos por los alimentos “de moda”, de ahí que los alimentos que suelen causar la adicción entre los adolescentes suelen ser dulces, pizzas, hamburguesas, helados, chocolate y patatas fritas.

¿ Cómo superar la adicción a la comida basura ?

La superación de la adicción a la comida puede ser mucho más difícil que dejar de fumar o abandonar el consumo de alcohol y esto es también debido a la burla social y la falta de apoyo. La adicción a la comida no es tratada como un peligro para la salud.

Para la mayoría de la gente, los programas de rehabilitación son demasiado caros y necesitan depender de una combinación de métodos. El apoyo y el aliento de familiares y amigos, es absolutamente esencial, pero el primer paso es reconocer que se tiene una relación enfermiza con la comida y la necesidad de ponerle fin.

Una investigación vincula la comida basura con un riesgo elevado de depresión

Una investigación vincula la comida basura con un riesgo elevado de depresión

Una investigación vincula la comida basura con un riesgo elevado de depresión

La comida rápida y la bollería industrial no solo son los peores enemigos de la salud cardíaca, sino que al parecer también son contrincantes de la salud mental.

Científicos de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria y de la Universidad de Navarra son los autores de una nueva investigación que constata que los consumidores de hamburguesas, pizzas, magdalenas, donuts… tienen más riesgo de desarrollar depresión.

Almudena Sánchez-Villegas,  autora principal de un estudio epidemiológico que ha visto la luz en el último ‘Public Health Nutrition’ ,reconoce a ELMUNDO.es: “En este estudio hemos constatado que aquellos participantes con mayor consumo de comida rápida, presentaban un mayor riesgo de depresión que los participantes que no consumían este tipo de alimentos. Este incremento del riesgo se sitúa en torno al 40%”.

“La depresión afecta a 121 millones de personas en todo el mundo, lo que la convierte en una de las principales causas globales de discapacidad ajustada por años de vida y la principal causa en países con ingresos altos y medios. Sin embargo, poco se conoce sobre el papel de la dieta en el desarrollo de los trastornos depresivos. Anteriores estudios sugieren un papel preventivo de ciertos nutrientes y alimentos, como las vitaminas del grupo B, los ácidos grasos omega-3 y el aceite de oliva. Asimismo, un patrón dietético saludable, como la dieta mediterránea, se ha relacionado con un menor riesgo de depresión”, introducen los investigadores en su estudio.

A pesar de todo, los “efectos sobre el trastorno mental de otros componentes de la dieta no han sido tan ampliamente estudiados. Varios estudios epidemiológicos transversales (es decir, sin seguimiento de los participantes a lo largo del tiempo) han analizado la asociación entre el consumo de estos productos y la presencia de síntomas depresivos o de estrés percibido”, insisten los investigadores que afirman que también se ha encontrado “una asociación positiva entre, comida rápida, aperitivos y  dulces y la presencia de síntomas depresivos”.

Seis años de seguimiento

Este nuevo análisis se ha llevado a cabo con 8.964 participantes del‘Seguimiento Universidad de Navarra (SUN)’, un proyecto que se inició en 1999, y en estos momentos cuenta con más de 20.000 participantes. “Los participantes, ninguno con diagnóstico de depresión y sin consumo de antidepresivos al inicio de la investigación, recibieron un seguimiento medio de seis años. Todos rellenaron  cuestionarios cada dos años sobre sus hábitos de vida y consumo de alimentos”, reconocen los científicos. Durante el periodo de seguimiento, 493 de ellos fueron diagnosticados de depresión o comenzaron a tomar antidepresivos.

El estudio confirma una relación positiva entre el consumo de comida rápida y bollería y el trastorno depresivo. Además, y según la doctora  Sánchez-Villegas “se observa que, cuanta más comida rápida se ingiere, mayor es el riesgo de depresión. Esta relación, llamada dosis-respuesta, se puso de manifiesto sobre todo para la comida basura. No se observó esta tendencia con la bollería industrial. En este caso, el incremento del riesgo de padecer la enfermedad se mantenía constante ya con relativamente bajos consumos”.

Otros datos que apunta el estudio son que los participantes con mayor ingesta de hamburguesas, pizzas, salchichas, donuts… son más propensos “a estar solteros, ser menos activos y tener un patrón dietético peor, con un consumo menor de fruta, frutos secos, pescado, verduras y aceite de oliva”. Además, tendían a fumar más y a trabajar más de 45 horas semanales.

José Luis Carrasco, jefe de la Unidad de Trastorno Límite de la Personalidad, del Hospital Universitario Clínico San Carlos de Madrid, reconoce que “los datos de este trabajo son razonables y es algo que nosotros vemos en la clínica diaria. Otra cosa es que se deba ser precavido con los datos que inferir una causalidad”.

Posibles causas

Según la primera firmante del trabajo, “una posible explicación es la alta presencia de grasas tipo trans en este tipo de alimentos. Estas grasas pueden tener efectos negativos sobre diferentes sistemas biológicos incrementando, entre otros efectos, el riesgo de enfermedad cardiovascular. También la ingesta de este tipo de grasas se ha asociado con un mayor riesgo de depresión. Su mecanismo de acción está relacionado con un incremento en la producción de citoquinas y con un empeoramiento en el funcionamiento del endotelio (tejido que recubre los vasos sanguíneos)”.

“Las citoquinas pro-inflamatorias “son sustancias con capacidad inflamatoria que se relacionan con una disminución en la síntesis de neurotransmisores (necesarios para la transmisión nerviosa y que se encuentran disminuidos cuando se da la enfermedad mental) y de factores relacionados con el adecuado funcionamiento neuronal y que se denominan neurotrofinas”, apunta la investigadora.

El endotelio “es capaz de sintetizar y secretar algunas de estas neurotrofinas, por lo que un funcionamiento inadecuado de éste podría conducir a un inadecuado funcionamiento cerebral”, puntualiza.

Aunque pudiera ser que las personas con depresión sean las que más alimentos basura consumen, la experta argumenta por qué ésta no es una explicación a los resultados de su investigación. “El estudio está basado en participantes que cuando iniciaron el estudio no tenían la enfermedad. Para evitar que, a pesar de todo, hubiera un número de sujetos que ya estuvieran deprimidos pero todavía no diagnosticados, se repitió el análisis eliminando a todos aquellos participantes que recibieron el diagnóstico a los dos años de haber accedido a participar en el estudio y cuyos datos sobre la dieta pudieran estar influidos por la presencia de un trastorno depresivo no diagnosticado. Los resultados no cambiaron”.

Hábitos y predisposición

En este sentido, el doctor Carrasco reconoce que “las personas deprimidas tienden a comer más rápido y peor. No mantienen hábitos de vida saludables y el estrés les impide sentarse a comer tranquilamente. No obstante, en este estudio los participantes no padecían en un inicio la enfermedad mental por lo que puede haber dos explicaciones en la relación comida basura y más riesgo de depresión. Una de ellas es biológica y otra de carácter temperamental”.

La comida rápida “produce una gratificación inmediata y sensación de saciedad. Es como los dulces, los donuts o las magdalenas, que también son alimentos más adictivos y que van ‘a atraer’ a personas con un tipo de temperamento. Si una persona con vulnerabilidad o predisposición a la depresión, insegura, inestable emocionalmente, tiene unos hábitos de alimentación que se basan en tomar hamburguesas, pizzas, en definitiva, en comer en cinco minutos, esto significa que está desestabilizando su equilibrio emocional. A estas personas les sucede también que se enamoran muy rápidamente y de forma muy intensa o, como ha destacado el estudio, trabajan más, fuman más…”, agrega el experto del Hospital Clínico.

Protegerse de la depresión con la dieta sí es posible. “En otras investigaciones llevadas a cabo por el proyecto SUN, se ha puesto de manifiesto el efecto protector del seguimiento de dieta mediterránea, rica en frutas, verduras, aceite de oliva, frutos secos y legumbres, sobre la depresión, tal y como recogió el ‘Archives of General Psychiatry”.

Fuente: Patricia Matey. elmundo.es